La fibra de vidrio ‘made in Zeluán’

Las cerca de trescientas piraguas que la empresa Pariente Polledo fabrica al año representan sólo una cuarta parte del negocio de esta pyme nacida al amparo de la afición familiar. Independizada desde hace dos décadas de Terpla (ahora Linpac Plastics, en Pravia), desde un primer momento tuvo claro que para sobrevivir y competir tenía que diversificar. Una filosofía que sigue imperando en la actualidad y, gracias a la cual, la empresa ha logrado capear el temporal y mantener los ocho puestos de trabajo y un volumen de facturación que ronda los 450.000 euros al año.

Pariente Polledo -los apellidos del gerente, de nombre José María, uno de los históricos del piragüismo en la región- manufactura desde la nave industrial de dos mil metros cuadrados en Zeluán, en la margen derecha de la ría, entre cuatrocientas y quinientas piezas de fibra de vidrio de distintas características cada semana; es decir, unas 2.000 al mes. Desde piraguas hasta canalones, pasando por casetas, depósitos, expositores, lavamanos, arquetas y laterales de autobuses, tanto internos como externos. Todo aquello susceptible de ser construido con este compuesto mineral reforzado con polímeros. Como la primera remesa de platos de ducha en hormigón polímero a punto de salir ya de las instalaciones de la empresa hacia Durstone Technology.

José María Pariente concede que «son muy atractivos a la vista, imitando a pizarra en distintos colores» pero no cree que desplacen a los laterales para autobuses, que es lo que, hoy por hoy, mejor salida tiene.

Proveedor de la empresa carrocera Ferqui, a la que entrega un pedido cada dos días, sus productos acaban en los coches de marcas como Mercedes, Iveco o Volkswagen, entre otros, después de una jornada entera de trabajo. No es lo que más tiempo requiere, una piragua exige dos días de trabajo. Es una labor no exenta de cierta «dificultad por los accesorios y los retoques» que llevan, como los asientos regulables en altura. En función de las características, el precio de fábrica va desde los 500 a 2.000 euros, pero es, quizás, el producto más emotivo de todos los que factura la compañía. A pesar de que su fundador, gerente, responsable de ventas y artesano, José María Pariente no es hombre dado a expresar sus emociones.

Pariente ha sabido imprimir en su empresa varias de sus señas de identidad: la determinación, la seriedad y la competitividad. No da nada por perdido y rema en tierra como lo hace en el agua. El mercado no deja de ser, al fin y al cabo, otra pista en la que competir. «Tratamos de ser competitivos en el precio final», apunta quien también se encarga de rastrear el mercado en busca de pistas para abordar la fabricación de un nuevo producto. «Va sobre la marcha y es, ante todo, un trabajo de equipo, que surge del trato diario con las empresas», explica. Y en una confesión casi atípica para él, concede que «yo pienso todos los días en fabricar esa pieza única que te solucione la vida».

La producción de la empresa combina las exigencias de un pedido artesanal, con las modificaciones de tamaño, color o funcionales indicadas por el cliente, con las características de la fabricación industrial. Con todos los pros y contras de cada una de ellas. Si bien el tamaño y la dedicación de cada uno de los trabajadores de Pariente Polledo permite a la empresa adaptarse con facilidad a estas peticiones exclusivas, su ritmo de producción exige, en ocasiones, sacrificios y flexibilidad horaria.

José María Pariente, desde las ocho y media de la mañana hasta las ocho y media de la tarde, hace de todo. Desde ensuciarse en el taller con las resinas sobre los moldes hasta atender un pedido o transportarlo. Por eso su teléfono móvil es una herramienta de trabajo tan imprescindible como los martillos, sierras, alicates y demás instrumental.

De la piragua al taller

Dotado de una gran condición física para el deporte, Pariente Polledo supo desde sus primeros años como piragüista en el Equipo Nacional, con 17, que tenía que buscar alternativas para no encontrarse desnortado al concluir su vida deportiva. Su primer contacto con la fabricación de piraguas surgió de una iniciativa del Club Náutico Ensidesa en el que militaba en 1976. Decidió fabricar sus propias piraguas para lo que varios de sus piragüistas aprendieron a construir un molde en la empresa Curtiplás de Gijón. Llegaron a bautizar cuatro piraguas pero el proyecto quedó en vía muerta, tanto por falta de presupuesto como por la de mano de obra.

Más adelante, los clubes asturianos imitaron aquella iniciativa fallida del Ensidesa para lo que crearon la sociedad anónima Kayaks Cañedo, liderada por Francisco Casielles y que desde un primer momento contó con Pariente. La empresa fue cambiando su motivación, composición y razón social hasta convertirse en lo que ahora es Linpac.

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